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8/11/09

Belgrano, el maestro por antonomasia

"¿Cómo quiere que los hombres tengan amor al trabajo, que las costumbres sean arregladas, que haya copla de ciudadanos honrados, que las virtudes ahuyenten los vicios y que el gobierno reciba el fruto de sus cuidados, si no hay enseñanza y si la ignorancia va pasando de generación en generación con mayores y más grandes aumentos?" (Manuel Belgrano, Correo de Comercio, marzo 1810).

Belgrano es, sin disputa, el maestro por antonomasia. Todo en él lleva el signo y la pasión por la enseñanza. Todo lo que ha visto y estudiado en la metrópoli; todo lo que ha visto y experimentado en su tierra, lo llevan al paralelo inevitable que lacera su alma y estruja su corazón de cristiano y de patriota. Comprende la inutilidad de todos los esfuerzos, sin la etapa previa de la preparación y la cultura.
De raigambre profundamente cristiana, le conmueve la situación de inferioridad y desamparo que tenía la mujer en esa época. Con pinceladas patéticas y certeras, describe la orfandad y los peligros sociales que de ello se derivan.
Propone la creación de escuelas para niñas y escuelas profesionales para mujeres. Dice:
"Pero ¿cómo formar las buenas costumbres y generalizarlas con uniformidad? ¿Qué pronto hallaríamos la contestación, si la enseñanza de ambos sexos estuviera en el pie debido? Mas, por desgracia, el sexo que principalmente debe estar dedicado a sembrar las primeras semillas lo tenemos condenado al imperio de las bagatelas, y de la ignorancia; el otro, adormecido, deja correr el torrente de la edad y abandona a las circunstancias un cargo tan importante. Todos estamos convencidos de estas verdades; ellas nos son sumamente dolorosas a pesar de lo mucho que suple a esta terrible falta el talento privilegiado que distingue a nuestro bello sexo, y que tanto más es acreedora a la admiración, cuanto más privado se halla de medios de ilustrarse. La naturaleza nos anuncia una mujer; muy pronto va a ser madre y presentarnos conciudadanos a quienes debe inspirar las primeras ideas, y ¿qué ha de enseñarles, si a ella nada le han enseñado? ¿Cómo ha de desarrollar las virtudes morales y sociales, las cuales son las costumbres que están situadas en el fondo de los corazones de sus hijos? ¿Quién le ha dicho que esas virtudes son la justicia, la verdad, la buena fe, la decencia, la beneficencia, el espíritu y que estas cualidades son tan necesarias al hombre como la razón de que proceden?"
Dice más adelante:
"Igualmente se deben poner escuelas gratuitas para las niñas, donde se les enseñara la doctrina cristiana, a leer, escribir, bordar, etc., y principalmente inspirarles el amor al trabajo para separarlas de la ociosidad, tan perjudicial o más en las mujeres que en los hombres... criadas de esta manera serían madres de una familia útil y aplicada; ocupadas en trabajos que les serían lucrosos, tendrían retiro, rubor y honestidad." (Correo de Comercio, N° 21).
Habla de inmigración, de abolición de injusticias, de fuentes de trabajo, de protección a trabajadores y pobres, de la propiedad de la tierra para el que la trabaja. Pero es como educador donde su multiplicidad es infinita. Destaca la importancia de la educación diciendo:
"Hemos dicho que uno de los objetos de la política es formar las buenas costumbres en el Estado; y en efecto, son esencialísimas para la felicidad moral y física de una nación; en vano la buscaremos, si aquéllas no existen, y a más de existir, si no son generales y uniformes desde el primer representante de la Soberanía, hasta el último ciudadano." (Correo de Comercio N° 21)
La pasión educadora de Belgrano es tan absorbente, tan imperativa, que aún al frente de sus tropas, gloriosamente un improvisado en general (como él mismo lo dice con su ingénita sencillez), ganando batallas o perdiéndolas, tan grande en el triunfo como en la derrota, siempre tiene tiempo para meditar sobre sus creaciones educativas. Es que Belgrano enseña, no solamente a través de las escuelas que funda, y de su famoso reglamento para las mismas, sino que también actúa por catálisis, por presencia, con el ejemplo vivo de sus actos, de sus palabras, de sus gestos. Todo en él trasunta recato sobrio y humildad cristiana. Cuando sus paisanos, para decirlo con sus palabras, se empeñan en hacerlo general, el incienso de la gloria no llega a marearlo ni a perturbar sus rectas miras. Estudia como un aprendiz el arte de la guerra.
Le escribe al Libertador, su alma gemela, amigo desinteresado y leal, quien lo alienta y lo aconseja con dignidad y con altura. Triunfante en Salta y Tucumán, no se adjudica el triunfo ni postula honras y dignidades. Muy por el contrario, rehúsa el nombramiento de Capitán General, diciendo diplomáticamente que lo guardará por si alguna vez lo necesita para usar en beneficio de la Patria. Son todos y cada uno de sus hombres los forjadores de esas glorias. Cuando cree o aparenta creer en la palabra de honor de los jefes derrotados, no peca de ingenuidad, peca de un exceso de amor, no pudiendo olvidar que Tristán y Goyeneche, son al fin y a la postre, sus hermanos nacidos en América, con casacas y pendones extrajeros.
Cuando en 1813 la Soberana Asamblea General Constituyente premió el glorioso triunfo de Salta del 20 de febrero de 1813, otorgándole un sable de guarnición de oro, con la inscripción grabada en la hoja "La Asamblea Constituyente al benemérito General Belgrano", y además la suma de cuarenta mil pesos, nuestro héroe, con su grandeza de alma habitual, siempre modesto y circunspecto, contesta diplomáticamente -tratanto de no herir la susceptibilidad de la Asamblea ni del Gobierno-, rogando que los réditos de los susodichos cuarenta mil pesos, sean destinados a la fundación de cuatro escuelas de primeras letras. Determina que las mismas sean erigidas en Tarija, Jujuy, Tucumán y Santiago del Estero, en donde SE ENSEÑE A LEER Y ESCRIBIR, LA ARITMÉTICA, LA DOCTRINA CRISTIANA Y LOS PRIMEROS RUDIMENTOS DE LOS DERECHOS Y OBLIGACIONES DEL HOMBRE EN SOCIEDAD.
Promete a continuación redactar un Reglamento para las escuelas y efectivamente así lo hace, de su puño y letra. Esta notable y por muchos conceptos extraordinaria pieza, consta de veintidós artículos. De una luminosidad y una vigencia tan plena, tan actual, que asombra:
"El maestro procurará con su conducta y en todas sus expresiones y maneras, inspirar a sus alumnos, amor al orden, respeto a la religión, moderación y dulzura en el trato, sentimientos de honor, amor a la virtud y a la ciencia, horror al vicio, inclinación al trabajo, despego del interés, desprecio de todo lo que diga profusión en el comer, vestir y demás necesidades de la vida, y un espíritu nacional que le haga preferir el bien público al privado."
Tan hermosas instrucciones, plenas de sabiduría y afán de bien, no necesitan ser comentadas y es evidente que su diaria lectura por los maestros, retemplará el insobornable y exacto cumplimiento de sus deberes para bien de la niñez, de la juventud y la grandeza de la Patria.
(Colaboración del profesor Leonardo Cristian Godoy)
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