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27/11/09

La educación no es progreso ni proceso, sino perfeccionamiento del hombre en cuanto hombre

Los cambios acontecidos en nuestra época nos hablan de la gran capacidad creativa del hombre. La tarea  humana está siempre orientada a la resolución de los problemas propios de la existencia en todos sus ámbitos. La ciencia y la técnica son los medios para que el hombre pueda desarrollar una vida buena. Pero la ciencia y la técnica no son “la medida de todo saber”, no pueden responder a los más profundos interrogantes del hombre. Porque la  clave de toda interrogación sobre el sentido de la vida y sobre el destino del hombre está justamente en el horizonte de la trascendencia.

El progreso del mundo es totalmente lícito, el hombre tiene el mérito de haber forjado “su mundo”, pero el progreso material no puede en ninguna medida colmar por sí mismo las aspiraciones humanas.

El perfeccionamiento del hombre está en el camino que conduce a los valores, ésta es la respuesta concreta a la actual situación de crisis. Volver a los valores significa que el hombre se compromete a vivir y encarnar un nuevo camino hacia “el humanismo”. Humanismo significa que el valor fundamental es la “persona humana”, y que toda acción del hombre debe respetar su dignidad.

Sólo a través de una “educación  humanista”, el hombre podrá realizar su humanidad, desde una educación que lo prepare para vivir en el “mundo” sin atarse o fijarse en el mundo.

El hombre de nuestro siglo debe asumir la actitud de la solidaridad, debe ser un “hombre cordial”, este compromiso de hacerse prójimo, es decir cercano, es responsabilidad de todos, tanto del ciudadano como del educador y del gobernante. Hacerse prójimo significa: ampliar los espacios de la caridad, y esta ampliación es posible si el hombre se aboca al cultivo de la virtud, por la cual se perfecciona a sí mismo. La virtud no sólo hace sólida la vida, sino que también contribuye de modo notable a establecer la paz y el orden en la sociedad.

La educación desde la solidaridad demanda necesariamente la apertura al otro, en la ampliación de la caridad; tal educación busca suscitar que el hombre vuelva a poner todos sus esfuerzos en una cultura por la vida y por la paz. Sólo en el ejercicio de la solidaridad el mundo alcanzará la paz tan anhelada. La educación del futuro, debe abocarse a la tarea de llevar al hombre a un tipo de perfeccionamiento si se quiere superior a todo progreso científico técnico.

La solidaridad se fundamenta en la virtud de la caridad, que hace posible que el hombre se encuentre con el hombre, que él se sienta prójimo, cercano a la necesidad del otro y este hacerse prójimo no es una añadidura sino una “coronación”.

La tarea del educador está en coadyuvar al educando en su proceso de personalización, la autorrealización de la persona depende no sólo de la relación que la persona es capaz de establecer con las cosas, sino depende esencialmente de la relación que establece con otras personas. La educación es un compromiso en la medida que el educador se aboca a la tarea de coadyuvar al educando en el camino de su propia realización como persona. Esta tarea que realiza el educador se sustenta y fundamenta en la “solidaridad”, actitud por la cual, el educador se siente movido a cooperar y colaborar en el proceso del educando.

La tarea educativa se desarrolla desde el respeto de la libertad y los motivos del educando, en suscitar e incentivar al educando por el camino de la verdad y el bien, para que su libertad sea plena en el sentido que sea una libertad para la responsabilidad.

El auténtico desarrollo humano es aquel que respeta y promueve los derechos del hombre, personales y sociales, así también como aquellos basados en su vocación trascendente. “El hombre puede organizar la tierra sin Dios pero al fin y al cabo, sin Dios no puede menos de organizarla contra el hombre”, tal es la expresión del Papa Pablo VI, que nos habla de la sublime vocación del hombre. El retorno a la plenitud por parte del hombre está en “ampliar los espacios de la caridad”. Esta ampliación nos invita a la vez, a la renovación y ampliación del sentido mismo de nuestra vida, vivir en el amor y hacernos prójimo de nuestros semejantes.
(Colaboración del Prof. Leonardo C. Godoy)

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