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31/8/11

¿Tomatina? Sarta de estúpidos


"Unas 40 mil personas participaron en la tradicional fiesta conocida como Tomatina, llevada a cabo en el municipio valenciano de Buñol...". Acabo de leer esto en Internet.
Guerra de tomates, ¡qué bien!, mientras tanto, hambruna en África y quién sabe en cuántos lugares más...
No es fiesta, es tragedia de la estupidez humana.
¡Imbéciles! Clama este pecado al Cielo.

14/8/11

¡Gracias Marcelo! (por Gilbert)

Mencionar por el nombre a una persona famosa o importante o poderosa, es una forma de mostrarse cerca, de sentirse parte, aún cuando esa persona sea alguien que ni siquiera sepa de la existencia del que lo menciona.

Sucede en las campañas electorales. Un candidato recorre los barrios, saluda a la gente, les da la mano… y para algunas personas simples esto basta. Los encuestadores lo saben (y los políticos demagogos también, lamentablemente):
-¿Qué imagen tiene Ud. de Carlos Romualdo Pichirochi Corna, candidato a Alcalde por la UDSM, Unión de Divisiones Sumadas y Mezcladas?: ¿Positiva? ¿Regular? ¿Negativa?
-¿El Carlito? Anduvo por acá, es buen tipo es, por acá pasó, yo estaba acá en la puerta y me dio la mano.
Y para el pobre hombre el “Carlito” será buen tipo hasta el fin de sus días.

También sucede con Marcelo, cuando finalmente apareció durante la crisis del 2002 significó algo parecido a la alegría para mucha gente, y tal vez no pocos experimentaban algo parecido a la gratitud hacia él.
Pero ¿qué es lo que verdaderamente ofrece tras la fachada de simpática estridencia que conmueve a tantas personas en todo el país?

Quienes allí aparecen hablan seriamente, discuten, argumentan, lloran, se emocionan con verdadero entusiasmo por cosas que no tienen ninguna importancia, como por ejemplo un puntaje dado, o por una crítica supuestamente injusta, todo el mundo sabe que no es un verdadero concurso y sin embargo se actúa como si lo fuera. Si todo esto no es más que un mal entretenimiento para muchos, no parece un gran problema, salvo una fenomenal pérdida de tiempo. Pero mientras tanto suceden algunos hechos lamentables.

Yo deseo que existiese la “Sociedad Protectora de los Autores y Compositores” o tal vez la “Sociedad Protectora de las Obras de Arte” o alguna institución que sea capaz de interponer un recurso legal para impedir que algo que es un patrimonio de la humanidad sea usado para limpiar el piso. Una música compuesta por uno de los más grandes compositores de la historia para expresar el júbilo por el Mesías esperado por miles de años, una música celebrada por millones de personas desde hace más de doscientos años en todo el mundo, es usada aquí, entre exclamaciones y alaridos, para aplaudir un puntaje de este grotesco concurso.

Como si eso fuera poco, por una característica de la psicología humana, generaciones de argentinos tendrán, por años, inevitablemente asociada a esta música majestuosa unas imágenes ridículas. Esto solamente ya constituye un daño que no hay dinero que lo pueda pagar.

Existen personas talentosas que pasan años de sus vidas estudiando alguna disciplina artística que, por supuesto, no tienen acceso a esta vidriera observada por el gran público, salvo que paguen el humillante precio de abandonar sus elevadas pretensiones de delicadeza estética.

Existen otras personas que tienen un gran deseo de fama y dinero, ninguna pretensión artística seria y una actitud de completa desfachatez, ellas son las luminarias de esta escuela de plebeyismo.

Entonces el mal que significa esta verdadera prohibición que sufren los legítimos artistas se multiplica en la sociedad ya que se la priva de ellos, y se les da a cambio gente que no solo no tiene nada para ofrecer artísticamente sino que lo que brindan es degradante y lamentable.

Otro chistoso de alcance nacional de similares características, aunque de un éxito no tan sostenido, ha hecho también su aporte a la civilización: (cito de memoria) “Ah, no señor, las cosas antes eran distintas, había más respeto. (En mi casa) el viejo llegaba de trabajar y la vieja le tenía la comida lista, él se sentaba a la cabecera de la mesa, entonces la vieja le preguntaba: ¿Va pedir la bendición? Entonces el viejo…”  Y ahí venía una grosería del más bajo nivel que no tengo ganas de escribir que ponía en ridículo a la vieja, a la mesa familiar, a la Fe, a las buenas costumbres… ¡qué fácil resulta destruir! Y sigue “... No, el viejo no creía…”  ¡Miserable! Ya que cobrás por eso por lo menos te hubieras tomado la molestia de armar mejor la ridícula historieta: ¿Por qué la vieja le iba a preguntar si iba a pedir la bendición cuando “el viejo no creía”? ¿La vieja no debería haber sabido desde hacía tiempo que el viejo no creía? La pregunta no tiene ningún sentido, salvo que la vieja haya sido increíblemente necia; aunque, después de todo, considerando el pensamiento del hijo de acuerdo a su discurso, esto último es una posibilidad digna de ser tenida en cuenta. Se trata, tal vez, de una verdadera desgracia: que este infortunado haya heredado la necedad de la vieja y la falta de fe del viejo, que acaso era también un necio.

Me podrán decir que estoy tomando en serio algo que era simplemente un chiste. Pero el caso es que esta gente tiene el problema contrario: nada es tomado en serio, las cosas serias no son tomadas en serio. Lo único tomado en serio es el hecho de ganar dinero con las más bajas tendencias del ser humano. Ensuciar, ridiculizar, escupir sobre las cosas nobles es un acto de un vulgar canalla. Pero cuando la vulgar canallada es una actitud paradigmática para millones de personas es por lo menos inquietante para quien tenga un mínimo deseo de una sana convivencia con su familia y con sus vecinos.

Otro aporte a la civilización que hace el pobre Marcelo es su contribución a la legitimación de la desvergüenza. Décadas atrás, algunos hombres amparados en las sombras de la noche, frecuentaban lugares de mala muerte y, a cambio de unos pesos, podían ver un espectáculo indecente. Hoy, esa misma clase de hombres no necesitan arriesgar sus vidas y su reputación en semejantes antros, gracias a Marcelo (y luego a los consabidos imitadores -aunque él tampoco es original, después de todo-) pueden  acceder a una función digna de un burdel en sus propios hogares ya que está respaldada por el simpático y respetable rótulo de “para toda la familia”.

Y he aquí otra cuestión inquietante, algunas mujeres que hace dos décadas no permitían a sus hijos ver algunos programas de TV porque éstos eran “guarangos”, hoy junto a sus nietos se sientan a disfrutar de lo que Marcelo les brinda.

Un autor sostenía que los errores que se convertían luego en serios problemas para el género humano siempre provenían del ámbito intelectual y no de la gente común. Las universidades y los centros culturales son vehículos del conocimiento, pero cuando las ideas son erróneas también se filtran y propagan en esos recintos. De esta manera las personas ajenas a estos ámbitos como los obreros, las amas de casa, los niños, estaban (al menos momentáneamente en el caso de estos últimos) exentos de peligro. Algún cínico podrá agregar: también estaban exentos del conocimiento. Sin embargo, la universidad no tiene contrato de exclusividad con el conocimiento, así que de ninguna manera se encontraban exentos del conocimiento, conocían lo que necesitaban conocer para sus vidas sencillas, además, una persona sencilla puede tener una gran percepción de la realidad cuando sabe observar, porque cada pequeña porción del universo envuelve un misterio que excede al universo mismo.

Por eso, otro favor que realiza este benefactor de la humanidad, es acercar, hacer de nexo entre ideas verdaderamente corruptoras y las personas sencillas: dejando de lado la incomodidad y la inaccesibilidad de las explicaciones académicas, estas ideas se traducen en actitudes que serán mostradas y aceptadas como normales, aunque de suyo no lo sean.

Esto es algo muy serio, la gente común que con su sola vida sencilla  rebatía las más extravagantes teorías de hombres más doctos pero mucho más extraviados, era gente que podía reconocer la nobleza y la bondad de un sabio y que desconfiaba de los embusteros y charlatanes, era gente que durante siglos fue inmune a ciertos virus del pensamiento pero, lamentablemente, hoy ya no lo es, y festeja, contenta y optimista, brindando con copas de veneno. Hablando en general, el hombre que va todos los días a trabajar, la mujer que encontramos haciendo las compras en el almacén (o supermercado), en otros tiempos pertenecientes a la noble estirpe de las personas sencillas, han dejado de ser sencillos, ya que pueden opinar de todo, porque miran televisión, y han dejado de ser los dignos portadores del sentido común.

Sin embargo, en el corazón humano brilla, aunque a veces muy tenue, la luz de una llama eterna. Hay, en distintos rincones de la patria, personas que después de haber ensayado toda clase de estrategias como la argumentación serena, la discusión acalorada, la indiferencia y hasta el silencio obstinado, abandonan con una amable excusa la mesa familiar y se retiran a otra habitación o al patio donde no siempre les resulta fácil reprimir una puteada argentina al popular Marcelo, siendo, sin embargo, capaces de recomponerse al momento y elevar una oración no solo por sus seres queridos, quienes se encuentran aún cenando subyugados por la colorida estridencia, sino también por el mismísimo irritante conductor. Este crecimiento en la virtud de la caridad que les significa a algunas personas es también gracias a Marcelo, aunque así como probablemente ignora los males que ocasiona, este bien, que es una especie de efecto colateral de aquellos males, también le ha de resultar desconocido.

Quienes lo festejan dicen agradecerle porque les permite olvidar sus males, pero quien para olvidar sus males se embriaga hasta perder la razón, ha caído en otro mal y el mal tiene el desagradable aspecto de algo arruinado, marchito.

Las ideas que han venido desde el sur han sido hasta ahora traídas por vientos fríos como la muerte. Pero todavía hay tiempo, no es imposible que una brisa suave y fresca como la vida comience algún día a soplar desde el mismo lugar sin arruinar la verdadera alegría de la que Marcelo puede ser capaz y de la que pueden ser capaces tantos hogares argentinos.

Es perfectamente posible. Por qué no, después de todo.
(Colaboración de Gilbert -pseudónimo-, quien escribió este artículo hace ya varios años)

11/8/11

¿No le gusta el país en el que vive?


Lo que sigue está escrito para Argentina, pero bien puede aplicarse a muchos otros lugares e incluso al mundo entero. Ojalá movilice algún espíritu.

¿No le gusta el país en el que vive?
¡Cámbielo usted mismo!
Y si no participa.... ¡NO SE QUEJE!

¿Encuentra absurdo el robo de camiones de carga y autos, a veces hasta con asesinatos de las personas?
Solución: Exija la factura en todas sus compras y no compre "trucho".

¿Usted encuentra absurdo el desorden causado por los vendedores ambulantes?
Solución: Nunca compre nada a ellos. La mayor parte de sus mercaderías son productos robados, falsificados o contrabandeados.

¿Usted encuentra absurdo el enriquecimiento ilícito?
Solución: No lo admire, ni lo practique; repúdielo y no dé "mordidas" ni pequeñas ni grandes.

¿Usted encuentra absurda la cantidad de mendigos en los semáforos o en cada esquina?
Solución: Nunca les dé nada. Canalice su ayuda solidaria directamente en las instituciones de su confianza. (Pero, si no cumple con lo segundo, no se sienta bien haciendo lo primero, no sirve para justificarse; sea honesto consigo mismo).

¿Usted encuentra absurdo que las lluvias inunden la ciudad?
Solución: Solamente tire papelitos y basura, EN LOS CANASTOS DE BASURA, barra su vereda y si construye, no eche la basura en las calles.

¿Usted encuentra absurdo que haya revendedores de entradas para espectáculos?
Solución: No les compre, aunque eso signifique perderse el evento. Mejor trate de comprar con anticipación.

¿Usted encuentra absurdo el tránsito en su ciudad?
Solución: Nunca cierre el paso, respete las normas, estacione en los lugares habilitados, practique la técnica de paso "uno por uno".

¿Usted considera alarmante el índice de criminalidad en su país?
Solución: invierta en su país si es empresario; trabaje con calidad si es empleado y ambos paguen sus impuestos. ¡Produzca con calidad y pague sueldos de dignidad! Con ello, podrán darles una educación de calidad a sus hijos y evitar la formación de delincuentes. No hay criminal que no salga de una familia.

¿Usted encuentra terrible el problema de la drogadicción?
Solución: únicamente atienda bien a sus hijos y ni siquiera tendrá que vigilarlos.

SI USTED CONSIDERA QUE NINGUNA DE LAS COSAS ANTERIORES MEJORARÍA EL PAÍS, ENTONCES USTED ES PARTE DEL PROBLEMA Y NO DE LA SOLUCIÓN. ¡PÍENSELO! Y FORME PARTE DE LA SOLUCIÓN, NO DEL PROBLEMA QUE AQUEJA A LA NACIÓN. LA SOLUCIÓN INICIA CON  USTED Y CONMIGO. Y si no participa.... ¡NO SE QUEJE!

Estamos pasando por una etapa de falta de cultura ciudadana y de patriotismo. Necesitamos cambiar nuestro comportamiento para que podamos vivir en un país donde tengamos el orgullo de decir: YO SOY ARGENTINO. Estando quieto, usted no contribuye con nada; por lo tanto, no puede reclamar.

Practique los puntos con los cuales usted concordó e intente practicar también aquellos con los cuales no lo hizo. Y, sobre todo, divulgue este mensaje (por lo menos entre sus amigos) pues así estará contribuyendo para una Argentina mejor. Necesitamos mejorar nuestro país. Vamos todos a vivir con ética y eso tiene que comenzar con cada uno.
(Compartido desde la web por el Dr. Enrique Formosa).

2/8/11

Elogio de los viajes (Manuel Gálvez).


Hermosa descripción de Manuel Gálvez de los bienes que los viajes nos deparan... Que la disfruten.

"Los viajes realizan, sobre todo para las gentes de un país tan joven como el nuestro, una alta misión de cultura.

"Para el individuo, viajar es renovarse. Los viajes modifican nuestro concepto del mundo, crean en nosotros un nuevo ser, acrecen el capital de nuestros conocimientos, nos inculcan la tolerancia, nos hacen más comprensivos e inteligentes, educan nuestra sensibilidad. Personas que vivieron consagradas a sus útiles tareas, al viajar visitan museos y catedrales, se ponen en contacto, siquiera sea por un instante, con el alma de las ciudades místicas. Este contacto es inmensamente benéfico. Una persona inteligente, pero que jamás se haya  preocupado de otras cosas que de sus asuntos, sentirá en Ávila, en Asís o en Nuremberg, que su mundo se ensancha, que su concepto utilitarista se transforma. Podríamos decir que a esa persona le nacen alas.

"Para el individuo, viajar es, a veces, salvarse. Hay quien al iniciar su viaje abandona al hombre antiguo, comienza una mejor vida. Algunos encuentran su personalidad, deciden su vocación. Constantino Meunier, pintor mediocre, siente en su viaje por España, a la edad de cincuenta años, despertar aquella vocación que le llevó a ser uno de los más insignes escultores de la época. Otros adelantan en su camino de perfección; muchos hallan la fe que los rehabilitará ante su propia conciencia. Y todos se educan y civilizan.

"Quizá no haya nada tan útil como la facultad de soñar. El hombre que no sueña es un  ser rutinario; no innovará, o creará jamás. Soñar es vivir, preparar el advenimiento de la creación artística o científica; soñar es amar la vida y las cosas. Los hombres y los pueblos necesitan soñar. Y bien: los viajes propician la plenitud del ensueño. Cuando viajamos, dejamos en nuestras casas las menudas preocupaciones que enturbian la vida y nos entregamos a la delicia de vivir con el alma. En los viajes sentimos en nosotros un despertar de poesía. Sin contar la visión de los paisajes y las sugestiones del arte, encontramos una rara e íntima poesía en mil cosas, algunas triviales: como cuando llegamos de noche a una ciudad muerta y recorremos sus calles solitarias; cuando en el largo rodar de los  ferrocarriles nos despiertan de nuestro sueño voces extrañas y quejumbrosas que pronuncian nombres evocadores, célebres, seculares, nombres de los pueblos en cuyas estaciones nos detenemos; cuando pisamos los mismos lugares que ilustraron con sus vidas los grandes hombres de la historia; cuando sufrimos en los cuartos de los hoteles el horror de la soledad; cuando creemos sentir en las callejuelas arcaicas el alma de un héroe o de un santo.

"A la patria misma se la quiere y comprende mejor cuando se viaja. Entonces apreciamos todos el valor de nuestras costumbres, de nuestras afecciones, de nuestras instituciones, de nuestras ideas y sentimientos. La patria, vista desde lejos, se agranda y poetiza. Es a nuestros ojos como un ser humano, como una amada cuya ausencia nos aflige.

"Los viajes son, por último, el más útil instrumento de perfección para las sociedades modernas. Los periódicos, los libros, jamás nos darán la sensación exacta de las cosas. Es preciso ver con los propios ojos, oír con los propios oídos. Los viajes nos estimulan y nos infunden la noble ambición de alcanzar las perfecciones ajenas."

(Manuel Gálvez, "El solar de la raza", Buenos Aires: Dictio, 1980. Págs. 21-22) 
Nota: El título "Elogio de los viajes" es mío.