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17/9/14

Tres ideas sobre autoridad


¡Qué gran tema el de la autoridad! ¡Y qué gran crisis la de la autoridad hoy, en dos aspectos:
  1. cuando la autoridad no se ejerce, y
  2. cuando la autoridad se ejerce mal!
¡Cuánta autoridad falta en los hogares y escuelas! ¡Cuánta se usa en beneficio propio!

Por su propia naturaleza la autoridad ordena y es por ello un grande y necesario servicio. El objetivo de ella es el bien común. Sin embargo no es fácil desempeñarse en un puesto de autoridad, porque su ejercicio debe producir en los subordinados la obediencia o, mejor, la lealtad (todo esto, se entiende, en un marco equilibrado de relaciones naturales, no en un contexto de autoritarismo o de dominio).

Son conocidos los casos de los jefes, superiores o rectores, que pretenden ejercer su autoridad desde un despacho o escritorio. En muchas escuelas el rector o director es como un ilustre desconocido, lejano, inaccesible. Como contrapartida se tiene aquel directivo para el que no hay distancias entre el superior y el gobernado, de manera tal que los roles se diluyen o confunden. También existen los directivos que actúan políticamente (aunque una dosis de política es saludable), manejando hilos ocultos de las relaciones, "comprando" confianza de sus personas a cargo, o "conviniendo" a través de pactos o dobles discursos no siempre limpios a nivel de recta conciencia, para lograr sus fines.

Dejo para su consideración tres ideas-guía (seguramente no las únicas), para un buen ejercicio de la autoridad:
  • La autoridad bien ejercida genera obediencia por lealtad.
  • La lealtad surge de la presencia, el buen ejemplo y la transparencia de quien ejerce la autoridad.
  • Hay que respetar para ser respetado.

11/9/14

La necesidad de escuchar a los maestros

(Colaboración del prof. Leonardo C. Godoy, en el Día del Maestro, en Argentina, 11 de septiembre. ¡Gracias Leonardo!).

La tarea educativa debe estar ligada a la inquietud por nosotros mismos y por los otros, esto implica hacernos mejores y acompañar a los otros para que sean mejores. La inquietud que nos ubica en el plano de la ética y se refiere “al cuidado del alma”. Cuidado del alma significa la conversión de uno mismo y de ese otro como preparación para tener acceso a la verdad, y en consecuencia coherencia con la vida misma.

En el proceso de la “cura” tiene un rol fundamental “la palabra”, pero no para hablar sobre lo que nos pasa o lo que pasa, sino para que través de ella enderecernos el juicio y la aprehensión del mundo. Y ese enderezar tiene que adecuarse a una perspectiva del mundo verdadera.

Este es el modelo pedagógico por excelencia cuya finalidad principal es la “cura del alma” como “acto galénico” para dar tranquilidad al alma. La cura del alma se opera simplemente con el diálogo con los maestros Sócrates, Platón, Aristóteles, Séneca, Epicuro, Marco Aurelio… Y este diálogo nos coloca ante el desafío de atrevernos a decirnos a nosotros mismo la verdad. Pero hay que estar dispuestos a pagar los costos de verse a sí mismo en toda su radicalidad, para alcanzar la cura. Decir la verdad, decirse la verdad frente al otro que escucha, buscar la verdad dentro de uno mismo.

El remedio pasa por recuperar la confianza en sí mismo, para que el ánimo esté en paz y contento consigo mismo. Pues ese es el resultado un acuerdo consigo mismo que genera paz y felicidad. Sin embargo, lejos de ellos están los insensatos que cambian permanentemente de propósitos.

“El signo del buen camino es precisamente ese contento consigo mismo”