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21/5/15

Padres, no se autoexcluyan


Comparto con ustedes un mensaje muy claro del Papa Francisco a los padres de familia. Aunque quien lea esto no sea una persona religiosa, o no sea católico, podrá igualmente sacar provecho dado que se trata de un asunto de índole universal: el ser padres. Es necesario reasumir el papel de los padres, que hoy se encuentra disminuido, mal ejercido o delegado en otros. (El texto, del cual se ha extraído lo fundamental, corresponde a una catequesis del Sumo Pontífice del 20 de mayo 2015. Fuente: AICA. Artículo completo: clic AQUÍ).

(...) ... continuamos reflexionando sobre la familia y hoy de una característica esencial de la familia, o sea, de su vocación natural a educar a los hijos para que crezcan en la responsabilidad de sí y de los otros. (...). Ustedes hijos obedezcan a los padres en todo, eso agrada al Señor. Y ustedes padres, no exasperen a los hijos, para que no se desanimen. Esto es una regla sabia, el hijo que es educado en escuchar a los padres, obedecer a los padres que buscan no mandar de una forma fea para no desanimar a los hijos. Los hijos deben crecer sin desanimarse, paso a paso. Si ustedes, una familia, padres, decimos a los hijos "subamos esa escalera" y los llevan de la mano paso a paso, los hacen subir, las cosas irán bien. Pero si les dicen: "subí por la escalera", "no puedo", "¡subí!". Esto se llama exasperar a los hijos, pedir a los hijos cosas que no son capaces de hacer. (...).

Es difícil educar para los padres que ven a sus hijos sólo por la noche, cuando vuelven a casa cansados. Los que tienen la suerte de tener trabajo. Y más difícil aún para los padres separados, con la carga de esta condición. Es muy difícil educar pero, pobres, tuvieron dificultades, se separaron y muchas veces el hijo es tomado como rehén, el padre le habla mal de la madre, la madre le habla mal del padre. Y se hace mucho mal.

15/5/15

Preguntas previas a toda transformación educativa


¡Hola a todos! Transcribo a continuación un muy buen artículo (de igual título que esta entrada), que me cedió muy amablemente el profesor y amigo Diego Enría, especial para todo aquel que tenga responsabilidades educativas (¿quién no?). Espero que lo disfruten y aprovechen.

Preguntas previas a toda transformación educativa

Es hoy lugar común en nuestra comunidad opinar sobre el "Sistema Educativo", juzgándolo con calificativos como: anacrónico, ineficiente, obsoleto, etc. Y la realidad se encarga a diario de confirmar este oscuro diagnóstico.

Se señalan, a título de ejemplos, el "desinterés" de los alumnos (particularmente los de Educación Secundaria); la "precaria preparación profesional" de los docentes; el "escaso presupuesto" destinado a las actividades educativo-culturales; la "burocratización", que asfixia a las instituciones y que traba todo intento de renovación; de la "distancia" cada vez mayor entre la comunidad y la escuela...

Existe, además, un consenso generalizado que reafirma dichos ejemplos, que ha creado, con el transcurrir del tiempo, una actitud de escepticismo colectivo acrítico, que se asume como postura a priori por todos aquellos que, directa o indirectamente, están ligados al quehacer educativo.

Hay coincidencias en el diagnóstico, si bien algunos acentúan más un aspecto que otro. Pero cuando se debate sobre el "medio", no es fácil lograr acuerdos...

16/3/15

Para cambiar el mundo hay que amarlo

 

Hola a todos. Transcribo aquí unos sustanciales pensamientos del gran escritor inglés G. K. Chesterton, tomados de un capítulo de su libro Ortodoxia titulado "La bandera del mundo". Si bien sería muy extenso incluir el capítulo completo, además de que se lo sacaría de contexto pues tiene relación con todo el libro, bastará con poner aquí la idea principal de ese capítulo. De todos modos, hagan clic AQUÍ o en "Enlaces a mano" para acceder a Ortodoxia en pdf si lo desean.

La reflexión central gira en torno a la idea de que para cambiar el mundo hay que amarlo. Atiendan a los siguientes extractos.


"El mundo no es una casa de huéspedes en Brighton, la dejamos si no es buena. Es la fortaleza de nuestra familia, con la bandera flameando en la torre, y cuanto más miserable es, menos la dejaremos. El punto no es que este mundo es demasiado triste como para amarlo o demasiado alegre como para no amarlo. Es punto es que cuando tú amas algo, su alegría es una razón para amarlo y su tristeza una razón para amarlo más todavía. (...).